El niño es una luz que se extingue en su propio humo, una
llama que se sopla a sí misma. El niño desaparece un día en el hombre. ¿Qué
queda de una infancia? Quedan fotografías, rastros, cintas, alambres, pero la
niñez es fragancia que desaparece al aspirarla. El hombre empieza siendo sólo
perfume. La vida se inicia como aroma.
Un niño acaba por perderse siempre en el bosque de los
adultos. Quizá sea ese el significado de los cuentos infantiles. La niñez está
perpetuamente amenazada, destinada a desaparecer para siempre en un horizonte
poblado, adulto y oscuro. Al hijo lo perderemos siempre, en la vida o en la
muerte. Mas nadie podrá quitarme el turbión de frescura, la ráfaga, la
dimensión desgarradora y clara que él le dio al mundo, de pronto, y me dio a
mí. El hijo es un relámpago de futuro que nos deslumbra un momento. Por él, por
mi hijo, he visto más allá, más adentro y más lejos, y quizás -ay- eso basta. La
felicidad es algo que ocurrió una vez.
El niño entre las niñas. Carolina, de belleza cerrada y
tensa. Yolanda, esponjosa en su sonrisa y en sus ojos. Mariona impenetrable
como una fruta. María José, flor sin nombre ni color, mínima y sonriente como
una pequeña tristeza. El niño entre las niñas, feliz.
La silla de mi hijo, sola.
Hay que beber a morro del dolor, como se bebe de las férreas
fuentes. Que esta carne de luz empape toda la sombra. Hay que baldear hasta el
fin el ciego enlagunamiento de la sangre. Hay que agotar el mal, el
sufrimiento, no en pequeños sorbos, no en tragos cobardes, sino seguido y hasta
lo hondo, que luego queda un fuego neutro, una nada, y sólo resta, por fin, la
loza simple de la vida. Voy hasta el final de mi dolor, hago todo el recorrido,
bebo de mí mismo, sacio una sed de sufrimiento que estaba en mí y yo no
conocía. La saciedad del dolor es como la saciedad del placer. El dintel de una
paz vacía, de un cielo plano y soso, de una neutralidad de clima y carne que es
toda la imparcialidad desoladora de la naturaleza.
La alegría es un camino más corto. El dolor es un laberinto
con angustia de perderse. La alegría nos lleva en línea recta y eso vale más
que la alegría misma. Pero el dolor duda continuamente, vuelve atrás, como una
bestia sombría que no acaba de aprenderse el viejo camino. Voy tras sus oscuras
pezuñas y de vez en cuando, sí, bebo en las fuentes amargas y densas, con sabor
a hierro y a muerte. No huyo mi dolor, no me lo dosifico, como el suicida
precavido o la dama sin sueño. Bebo y bebo. Me fulminará el veneno o lo
agotaré. No quiero cucharaditas de plata para sufrir. A morro, directamente,
bebo a borbotones sangre de niño, muerte de niño, la hemorragia necia y dulce
del mundo.
F.
Umbral. Mortal y rosa.
Expiaré mis pecados o los pecados me expiarán a mí, formarán una corona de flores, flores con espinas, pero en esencia flores, como el aroma de la mañana, el deleite de su sonrisa.
ResponderEliminarNo tuvimos tregua, simplemente llegó, y me quedé vacío, vacío de gritos y de silencio. No pude negociar, no pude atraparte. Ví tu ida y mi vacío y ahí me instalé.
No quise recibir amigos, ni familiares, su duelo, sus condolencias. Estaba perdido. Si alguien hubiera podido encontrarme, rescatarme, hallarme. Me estaba inundando de lágrimas por dentro, caudal silencioso y sin retorno, hubiera podido ahogarme, oscuridad sobre oscuridad.
¿Y por qué? ¿Y para qué? No quiero respuestas, no quiero argumentos, devuélveme lo que es mío. Lo tuve, lo mecí, lo amé y lo sigo queriendo. Es helador el frío que recorre mi cuerpo y mi alma y sigue el silencio. Las palabras emigraron a climas más templados y me quedé entumecido y con silencio de plomo.
¿Dónde quedó la piedad, la compasión, la compostura?. Devolvedme lo que es mío.
Me agito en el sinsentido y mi ceguera atrapa algún recuerdo, pero también los recuerdos se irán. ¿Qué tengo mío? tristeza, silencio, vacío. Llévame contigo a lo desconocido, tendremos silencio, vacío, pero te cogeré las manos y estaremos juntos.
Expiaré mis pecados o los pecados me expiarán a mí, formarán una corona de flores, flores con espinas, pero en esencia flores, como el aroma de la mañana, el deleite de su sonrisa.
ResponderEliminarNo tuvimos tregua, simplemente llegó, y me quedé vacío, vacío de gritos y de silencio. No pude negociar, no pude atraparte. Ví tu ida y mi vacío y ahí me instalé.
No quise recibir amigos, ni familiares, su duelo, sus condolencias. Estaba perdido. Si alguien hubiera podido encontrarme, rescatarme, hallarme. Me estaba inundando de lágrimas por dentro, caudal silencioso y sin retorno, hubiera podido ahogarme, oscuridad sobre oscuridad.
¿Y por qué? ¿Y para qué? No quiero respuestas, no quiero argumentos, devuélveme lo que es mío. Lo tuve, lo mecí, lo amé y lo sigo queriendo. Es helador el frío que recorre mi cuerpo y mi alma y sigue el silencio. Las palabras emigraron a climas más templados y me quedé entumecido y con silencio de plomo.
¿Dónde quedó la piedad, la compasión, la compostura?. Devolvedme lo que es mío.
Me agito en el sinsentido y mi ceguera atrapa algún recuerdo, pero también los recuerdos se irán. ¿Qué tengo mío? tristeza, silencio, vacío. Llévame contigo a lo desconocido, tendremos silencio, vacío, pero te cogeré las manos y estaremos juntos.