29/9/15

Los débiles.




Son hombres, hombres de arena en una ciudad de viento.
 Y aquí, solo los suicidas salen a la calle cuando el aire hincha pulmones y aviva el soplo.
 Y tras sordos estallidos irregulares, manchas granulosas cubren calles y glorietas al paso de la ventisca que todo lo arrasa.
 Y ropas y zapatos y sombreros yacen inútiles junto a las ínfimas dunas de arena, huérfanos de dueño, exánimes en este discontinuo desierto de difuntos.
 Y a la mañana siguiente, cuando la urbe retoma la calma chicha de la primavera, un ejército de barrenderos aparta con celeridad de la visión ciudadana los cuerpos pulverizados e irreconocibles de los que se dejaron llevar por el viento.
 Y cada día es un temido retorno a la engañosa consistencia de la arena, a la posibilidad de la atomización inesperada, el regreso al grano mínimo, sin vida.

Miguel Ángel Zapata.

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