29/9/15

Imaginaos un bosque.


Imaginaos un bosque. ¿Ya? Imaginaos una mujer desnuda que corre despavorida por él. Deteneos un momento a la altura de su rodilla izquierda. ¿Veis el leve rasguño que tiene y que va dejando un reguero de sangre sobre las hojas caídas? Enfocad una de ellas. Tocadla con un dedo y comprobad si todavía está húmeda. Imaginad ahora que sois un lobo (o una loba) y que lleváis varios días sin comer. Seguid el rastro de la mujer, alcanzadla, tumbadla y devoradle los ojos. Solo los ojos. Dejad que se levante -como el viento del sur- y que se vaya. ¿Veis como corre más que antes y no tropieza con los árboles y hasta parece más feliz? Dejad de imaginar el bosque y arrancaos también vosotros los ojos. Os crecerán raíces en las manos y todo cuanto toquéis se quedará desnudo para siempre.

Jesús Aguado.

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