17/9/15

Inauguración



Inauguramos este blog con un consejo, por aquello de regresar al pragmatismo, después de tanta elucubración teórica. 

Una de las ventajas de la escritura es que, a diferencia de otras artes (como la escultura o la pintura) la corrección resulta mucho más sencilla. Por eso conviene establecer una separación entre el yo creador y el yo revisor.

El yo creador es el que se deja llevar por el impulso; la parte artística en sentido estricto, la directamente relacionada con las musas, la que vomita sobre el papel las emociones, los pensamientos.

El  yo revisor es la parte racional del escritor impulsivo. El que se encarga de cuestionar el trabajo creativo intentando mantener su pureza.

La separación entre ambos supone que durante el proceso creativo no se admite ninguna réplica. El  yo revisor permanece escondido. Después ya llegará este otro yo  para analizar  lo escrito con detenimiento, con la pausa y la racionalidad necesaria, en un proceso lento, normalmente largo, donde se cuestionarán la trama, la estructura, el ritmo, la tensión, la armonía...

Lo importante es  avanzar. Tiempo habrá para dar la forma adecuada. Así que resulta paradójico, pero para escribir bien, un primer consejo podría ser no intentar "escribir demasiado bien".

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